Nunca falta un roto para un descocido…
(Sobre las cosas que mi padre se encuentra en la calle)
Mi padre tiene la costumbre de cada noche salir montado en su bicicleta, y dar rondines por las calles de la ciudad, no, no es ni vigilante ni velador, ni batman; posiblemente sea una condición hereditaria la que me provoca a mi también el insomnio que ocasionalmente me acosa. En fin que estos pedaleos nocturnos tienen sus “recompensas” una serie de artilugios que mi madre ve más bien como basura en mí ya de por si apretujada casa. Y me viene a la mente la cara que generalmente ponemos mis hermanos y yo, pero al final en algunos momentos acabamos cediendo ante algunos de los tesoros de mi padre.
En muchas ocasiones me ha dado escuetas muestras de cariño algunas recogidas en sus pesquisas nocturnas, desde ropa hasta la silla en la que me encuentro sentado ahora que escribo estas líneas.
La silla me gusto me sirvió me parece cómoda, creo que tiene que ver aquí la idea de las cosas que persiguen un fin con el afán de no dejar de existir. En algunas ocasiones pasamos por la vida sin volteara a ver mas aya de las cosas que tenemos enfrente de nuestras narices, mi padre sale de noche a disfrutar el silencio de la ciudad a ver que pesca por esos parajes urbanos que a pesar de pulular en vida realmente siempre se encuentran solos desposeídos de alma.
Es el espíritu viajero que aun cobra la factura de los años de encierro en esta urbanidad descarda, el espíritu al que le han robado los espacios para soñar, entonces busca los pequeños espacios restantes donde las cosas se ven mas claras, silentes, espacios de contemplación en las plazas donde los amantes inician el acto del amor, calle vacías por donde las bicicletas nocturnas navegan, el costado de los puentes con sus placas de concreto.
Solo faltaba la música y en el ochenta la gente vio con alegría como que la música se podía llevar a todos lados con los dispositivos compactos personales, el concepto d compactos varia con el tiempo, los cuales se volvieron mas pequeños e irónicamente con mas espacio a lo largo de los años.
Caminar andar en bicicleta sentarse en una plaza a contemplar el paso del universo son cosas que hemos olvidado de hacer con el paso del tiempo, no lo hemos olvidado en el sentido practico pero hace falta un sentido estético de las cosas es decir un sin sentido donde las cosas no persigan algo solo existan.
Un viaje de mi padre me trajo la silla en al que estoy sentado, un libro que me encanto, un bonito pantalón, este si no lo acepte y mi madre se encargo de el, alguna que otra herramienta y latas de refresco, creo que estas cosas querían vivir continuar existiendo y lo lograron.


yop dijo
bien dicho, las cosas nunca mueren..........solo se van por un tiempo
9 Mayo 2008 | 06:35 PM